- Una ola que supera el simple “mercado de fichajes”
- Su punto en común: perfiles difíciles de encasillar
- Los ex-A1 a seguir: perfil por perfil
- Impacto táctico: la élite obligada a anticipar lo imprevisto
- Un desafío directo para las parejas dominantes
- El papel de los entrenadores y del cuerpo técnico: una guerra de preparación
- Hacia un Premier Padel más denso y más imprevisible
- A tener en cuenta
- Enlaces útiles
Una ola que supera el simple “mercado de fichajes”
El paso masivo de jugadores procedentes de A1 hacia Premier Padel no es un ajuste marginal. Es un desplazamiento de competencias, de culturas de juego y de perfiles atléticos que amplía el abanico competitivo. El cese del calendario A1 en 2025 ha acelerado las decisiones: quedarse sin circuito regular, o enfrentarse al sistema Premier Padel y al circuito FIP para reconstruir una trayectoria.
Lo que hace creíble esta ola no es solo la presencia de nuevos nombres en los cuadros. Es la forma en que perturban la jerarquía: partidos más ajustados antes, esquemas tácticos sacudidos y una sensación difusa de que la “zona confortable” de las cabezas de serie se reduce.
Su punto en común: perfiles difíciles de encasillar
Si bien algunos son muy mediáticos, su impacto se basa en fundamentos bastante claros. A menudo encontramos, en estos ex-A1, tres características que perjudican al más alto nivel.
- Polivalencia técnica: una panoplia amplia (dejadas, voleas de precisión, devoluciones rápidas, cambios de ritmo) que complica la lectura del rival.
- Atletismo moderno: intensidad repetida, capacidad para encajar los largos peloteos y para relanzar la presión sin apagarse.
- Audacia táctica: una tolerancia al riesgo más elevada y elecciones “fuera de guion” que rompen los automatismos de las parejas habituadas a jugar al metrónomo.
Esta combinación obliga al rival a adaptarse en directo. Y en Premier Padel, una adaptación fallida durante diez minutos puede costar un set.
Los ex-A1 a seguir: perfil por perfil
| Ventaja | Detalle |
|---|---|
| Leandro Augsburger | Top 10 FIP a principios de 2026, ya con título al más alto nivel, perfil de futuro líder a largo plazo. |
| Leonel “Tolito” Aguirre | Instalado en el top 20, estilo explosivo, capaz de dar la vuelta a un partido en dos secuencias. |
| Gonzalo Alfonso | Top 20 él también, creatividad inusual, peligro constante en cuanto impone su ritmo. |
| Álex Chozas | Top 30, volumen y densidad, una base fiable para superar rondas. |
| Agustín Torre | Top 60, perfil “difícil de jugar”, valioso en los partidos ajustados y los finales de set. |
| Maxi Arce | Top 60, ascenso rápido, capaz de encender la mecha en un cuadro difícil. |
| Aimar Goñi | Top 70, envergadura e impacto, potencial evidente si la regularidad acompaña. |
| Manuel Castaño | Top 100, nacido en 2008, precoz y ya seguido, a vigilar en la concatenación. |
| Juani De Pascual | Top 120, umbral crucial: un buen torneo puede acelerar toda su temporada. |
Leandro Augsburger: ya instalado, ya peligroso
A esta edad, estar ya en lo alto del ranking mundial no es “prometedor”: es significativo. Augsburger ha cruzado una frontera que muchos tardan años en alcanzar. También ha validado un punto clave: sabe ganar cuando lo que está en juego es máximo.
Su juego tiene esa firma moderna que encaja con Premier Padel: toma de bola temprana, potencia en cuanto la bola sube y capacidad para acortar los intercambios cuando tiene la ventaja. En 2026, el reto no es “hacer golpes”, sino instalarse: ganar también los partidos en los que nada sale de forma natural.
Leonel “Tolito” Aguirre: el impacto inmediato… y la prueba de la continuidad
Aguirre ha sido uno de los primeros ex-A1 en atraer los focos. Su pádel está hecho de rupturas: aceleraciones repentinas, elecciones inesperadas, asunción de riesgos. En Premier Padel, este perfil tiene un efecto directo: rompe la rutina de las parejas instaladas.
El siguiente paso es la constancia. En la élite, la adaptación es rápida: una vez “estudiado”, hay que demostrar que se puede ganar de otra forma que por el instante. La temporada 2026 dirá si transforma la chispa en estatus.
Gonzalo Alfonso: la creatividad que obliga a la adaptación
Si Aguirre aporta la electricidad, Alfonso aporta la magia. Su talento se lee en la variedad: sabe cambiar una trayectoria, una altura, una velocidad y hacer que el partido sea incómodo para aquellos a los que les gustan los esquemas “limpios”.
La trampa, para este tipo de jugador, es conocida: querer crear demasiado en el momento equivocado. Cuando los puntos valen doble (final de set, tie-break), el mejor golpe no siempre es el más espectacular. A menudo es el que asegura la posición.
Álex Chozas: el volumen y la densidad
Chozas representa la cara “trabajo” de esta ola. Menos fuegos artificiales, más densidad: mantener la diagonal, repetir el esfuerzo, subir en intensidad sin dispersarse. En un circuito donde todo el mundo golpea fuerte, este tipo de perfil se vuelve valioso.
Su próximo nivel se parece a un ejercicio de alto nivel: convertir más partidos ajustados. Aquellos que se juegan en dos elecciones tácticas, un saque bien negociado, una subida a la red en el momento adecuado.
Agustín Torre: la solidez que hace ganar rondas
Torre es el arquetipo del jugador que molesta porque no te da nada. Obliga al rival a construir, a tener paciencia, a no enfadarse. Y cuanto más dura un partido, más aumenta la probabilidad de un error en aquel que quiere terminar demasiado rápido.
En un cuadro Premier Padel, este perfil es un acelerador de frustración para las cabezas de serie. No necesariamente porque aplasta, sino porque aguanta y porque hace jugar un golpe más.
Maxi Arce: la señal de alarma para las cabezas de serie
Arce ha demostrado que un jugador procedente de otro circuito puede ganar más que un partido: puede ganar el respeto. Cuando llega a un torneo, ya no es “un nombre”, es una variable a gestionar. Y en un circuito donde el margen es minúsculo, una variable más ya es mucho.
Su desafío en 2026 se resume en una palabra: repetir. Una actuación hace una historia. Una sucesión de actuaciones hace una temporada, y luego un lugar duradero en el ecosistema.
Aimar Goñi: la envergadura y un margen evidente
Goñi marca la casilla del jugador “moderno”: impacto, potencia potencial, capacidad para pesar en la diagonal. Son armas que, en ciertas superficies y en ciertas condiciones, pueden transformar un partido en una relación de fuerza.
Pero la élite no se gana solo con el remate. Lo que marcará la diferencia es su lectura: cuándo acelerar, cuándo temporizar, cuándo elegir la seguridad para conservar la posición en la red.
Manuel Castaño: 2008, ya en el juego
Ver a un jugador nacido en 2008 ya citado en las conversaciones de alto nivel dice algo de la época. El pádel crece rápido y las trayectorias se comprimen. Castaño llega pronto, con un físico ya sólido y una mentalidad que no se disculpa.
La tarea prioritaria, aquí, es también la de muchos precoces: la concatenación. Preservar el cuerpo, progresar técnicamente sin quemar etapas y aceptar que las semanas “medias” también forman parte del oficio.
Juani De Pascual: un puesto en el ranking y una puerta abierta
De Pascual se sitúa en esa zona crucial donde un torneo puede acelerarlo todo. Un cuadro favorable, dos victorias limpias y, de repente, la mirada cambia: invitaciones, compañeros, dinámicas de temporada.
Para él, 2026 puede ser el año del punto de inflexión: pasar del estatus “a seguir” al de jugador que se instala por el resultado, no por la promesa.
Impacto táctico: la élite obligada a anticipar lo imprevisto
Más allá de los nombres, el efecto más visible es táctico. Frente a estos perfiles “híbridos”, las parejas favoritas deben aceptar una realidad: algunos intercambios no seguirán el guion previsto. Allí donde sistemas muy estructurados vivían de repeticiones milimétricas, lo imprevisto se convierte en un dato normal del partido.
- Necesidad de reaccionar rápido: lectura de las variaciones, comunicación reforzada y capacidad para cambiar el plan de juego sin esperar a la pausa.
- Intercambios en el suelo más numerosos: más peloteos trabajados donde la resistencia, la calidad de colocación y la paciencia se vuelven decisivas.
- Presión sobre las tomas de bola: concluir más rápido se vuelve crucial para evitar que estos jugadores transformen una defensa en ataque.
Un desafío directo para las parejas dominantes
Para los dúos ya instalados en la cima, el mensaje es simple: hacen falta variantes. Los automatismos siguen siendo indispensables, pero deben ir acompañados de opciones de rescate cuando el rival rompe el ritmo. Esto vale tanto para los equipos muy estructurados como para aquellos que viven de fulguraciones.
Concretamente, esto también significa una carga física diferente: si las primeras rondas se vuelven más largas y más desgastantes, la recuperación pesa más en la semana. Y cuando la fatiga se acumula, el detalle táctico (colocación en la red, calidad del saque, elecciones en puntos clave) adquiere aún más valor.
El papel de los entrenadores y del cuerpo técnico: una guerra de preparación
Esta ola ilustra, por último, una evolución a menudo invisible: la importancia creciente de las células de trabajo en torno a los jugadores. Análisis de vídeo, referencias estadísticas, preparación física específica, rutinas mentales… todo lo que ayuda a mantenerse lúcido cuando el rival inventa.
- Escenarios de adaptación: entrenamientos orientados “plan A / plan B”, con punto de inflexión rápido desde los primeros juegos.
- Simulaciones de imprevistos: sesiones donde el rival impone golpes no convencionales para habituar al caos controlado.
- Rutinas mentales: mantener la calma ante un punto espectacular y volver inmediatamente a los fundamentos en el intercambio siguiente.
Hacia un Premier Padel más denso y más imprevisible
A corto plazo, los torneos se vuelven menos predecibles: más parejas capaces de ganar más arriba y recorridos que se complican desde el principio de la semana. A medio plazo, el pádel de alto nivel podría ganar aún más en integridad: balance entre creatividad y rigor, potencia y lectura, audacia y gestión.
Para los jóvenes y los entrenadores, la señal es clara: desarrollar una panoplia técnica amplia, invertir en una preparación física específica y aprender a gestionar lo imprevisto táctico ya no son “extras”, sino requisitos previos.
A tener en cuenta
- La ola ex-A1 no es un fenómeno de moda: amplía el abanico y densifica los cuadros.
- Su impacto proviene de perfiles difíciles de leer: polivalencia, atletismo, audacia.
- Las primeras rondas se vuelven más arriesgadas para los favoritos y la recuperación cuenta más.
- El cuerpo técnico ocupa un lugar central: preparación, adaptación, rutinas mentales.

