- De Burdeos a Caen: un resto medido en puntos de referencia, no en promesas
- El año sabático: una elección consciente, un reset sin estrépito
- Lo que el viaje ha traído de vuelta al sendero: paciencia, margen, lectura
- Rondot y Mansart: una relación lúdica que va más allá del cuadro
- Volver a la rutina: una rutina diaria en la que apoyarse
- Lo que esto significa para el futuro: apuntar bien en lugar de apuntar rápido
- A tener en cuenta
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De Burdeos a Caen: un resto medido en puntos de referencia, no en promesas
Regresar tras una larga pausa suele significar volver «en pequeño»: cogerle el pulso a la carrera, volver a coger el ritmo, acostumbrarse de nuevo a la presión. Marie Rondot, en cambio, ha elegido un camino diferente. En el espacio de dos semanas, la francesa realizó un regreso al pádel tan discreto como eficaz: una final en el P2000 de Burdeos con Clara Mansart, seguida de una participación en el FIP Silver de Caen, primera prueba europea del circuito FIP 2026.
En Burdeos, la pareja Mansart/Rondot llegó sin la condición de favorita, pero con una dinámica poco común: claridad en sus papeles, energía en los momentos calientes y capacidad para «aguantar» cuando el partido se ponía tenso. El resultado fue un puesto en la final, donde Godallier/Touly mantuvieron la jerarquía tras un segundo set más disputado.
En Caen, hubo un cambio de escenario: un torneo internacional jugado en pista cubierta, con referencias tácticas más «españolas», patrones más rápidos, puntos que se estiraban de forma diferente y una exigencia inmediata de calidad de la pelota. Rondot y Mansart alcanzaron los octavos de final (R16), una etapa importante en su búsqueda de experiencia y de reinserción en el mapa del circuito FIP.
El año sabático: una elección consciente, un reset sin estrépito
La palabra «pausa» es demasiado pequeña. Rondot no se limitó a poner el pie en el suelo: se tomó un respiro. El final de sus estudios, una ruptura con su amante, asuntos personales… En lugar de seguir con una temporada «en automático», optó por marcharse. Destino: Australia, versión mochila. Es el tipo de viaje que no se puede planificar de antemano, pero que te obliga, día tras día, a arreglártelas, a decidir, a adaptarte.
Y sobre todo, durante muchos meses, sin raquetas de nieve. No por asco, sino por necesidad de silencio. «Necesitaba reencontrarme conmigo misma», confiesa. Un retiro que era menos una huida que un cero: encontrar un cuerpo disponible, romper la rutina, alejarse de la lógica del rendimiento permanente.
Lo que el viaje ha traído de vuelta al sendero: paciencia, margen, lectura
Cuando vuelve, el cambio no es tan evidente en un gesto concreto. Está en otra parte: en la forma en que construye un punto, acepta una bola extra y no «fuerza» una solución. Rondot parece más paciente, más atenta a los momentos de bache y, sobre todo, más coherente en secuencias en las que, antes, el deseo de aceleración podía atraparla.
Tácticamente, esto se traduce en elecciones más sencillas: una bandeja de control cuando se necesita estabilizar, una chiquita para poner en movimiento a la pareja contraria en lugar de buscar el punto ganador demasiado pronto, y una mejor gestión de las transiciones defensa-ataque. El pádel rara vez recompensa la precipitación; recompensa la repetición de las elecciones correctas. Teniendo esto en cuenta, la «versión 2026» de Rondot parece más dispuesta a adoptar una visión a largo plazo del punto.
Rondot y Mansart: una relación lúdica que va más allá del cuadro
En el pádel femenino francés, algunas asociaciones funcionan porque combinan cualidades. Otras, porque crean algo evidente. Clara Mansart y Marie Rondot tienen algo más: una conexión. Se puede ver en los momentos cruciales, cuando los intercambios se vuelven tensos y la pareja se mantiene «unida»: las mismas intenciones, los mismos puntos de referencia, la misma comprensión de los riesgos.
En Burdeos, esta alquimia marcó la diferencia en las rondas en las que la presión cambió de bando. Y en la derrota en la final, dejó una impresión útil: la de una pareja capaz de existir contra los mejores, incluso sin tenerlo todo cerrado. Para un resto, ésa es una señal fuerte.
Volver a la rutina: una rutina diaria en la que apoyarse
Desde su resto, Rondot ha seguido adelante sin anunciar un plan quinquenal. Trabaja en el centro 4PADEL de Boulogne-Billancourt, una base que le permite seguir en contacto con las pistas sin perder la cabeza. La idea no es precipitarse en las etapas ni perseguir una curva perfecta.
Esta elección dice mucho de su nuevo enfoque: anteponer el sentido al volumen. El pádel de alto nivel exige mucho entrenamiento, mucho movimiento y ajustes constantes. Pero también exige equilibrio: la capacidad de durar, de sentirse bien, de no jugar «contra uno mismo».
Lo que esto significa para el futuro: apuntar bien en lugar de apuntar rápido
Desde un punto de vista deportivo, el resto de Rondot plantea una pregunta sencilla: ¿hasta dónde puede llegar si mantiene esta libertad? Una final en un torneo P2000 y un octavo puesto en un FIP Silver no cuentan toda la historia de una temporada, pero nos dan una idea de la dirección a seguir. El siguiente paso será acumular partidos, consolidar el dúo y, si se confirman las ganas, buscar puntos en el circuito FIP.
Para entender cómo encajan estos torneos y lo que representa un FIP Silver en la progresión hacia el más alto nivel, también puede releer nuestro desciframiento del CUPRA FIP Tour.
Una cosa es segura: este regreso no parece una «puesta al día». Tiene el sabor de un resto elegido. Y, en el pádel como en cualquier otro deporte, es a menudo ahí donde se esconden las mejores sorpresas.
A tener en cuenta
- Marie Rondot protagonizó un notable resto con una final en el P2000 de Burdeos y un octavo puesto en el FIP Silver de Caen.
- Su año en Australia sin raqueta fue como un reset personal y mental.
- En la pista, muestra más paciencia y regularidad, con una gestión de puntos más «madura».
- La pareja con Clara Mansart conserva una verdadera química, que será interesante durante el resto de la temporada.
