- Una final al filo, y un segundo set que se decide con la cabeza
- Dos belgas en el centro del foco: Deloyer sólido, Lambrechts en apuros
- Maigret, irregular… pero con el acelerador que marca la diferencia
- Sichez, el partido que hacía falta (o casi)
- Lo que dicen las estadísticas del directo: la agresividad paga, pese a los fallos
- Camino hasta la final: un P1000 muy denso, con referencias que se mueven rápido
- Lo que dice sobre el pádel belga: presencia, pero dos realidades
- Para recordar
Una final al filo, y un segundo set que se decide con la cabeza
La final del P1000 Masculino en Reims, disputada en el No AD Padel Club, estuvo a la altura: mucho ritmo, secuencias muy tácticas y un desenlace que se decidió por detalles. En el marcador, victoria en dos sets 6/4 7/6 para Adrien Maigret y Maxime Deloyer, tras un tie-break que condensó todo lo nervioso de esta final.
En el directo, el ambiente acompañó: alrededor de 250 espectadores conectados, con esa sensación constante de “partido que puede girar” especialmente cuando Sichez/Lambrechts lograban reinstalar su patrón… antes de chocar con una nueva aceleración del rival.
Dos belgas en el centro del foco: Deloyer sólido, Lambrechts en apuros
Uno de los grandes ángulos de esta final: dos jugadores belgas a ambos lados de la red, con dinámicas opuestas. Maxime Deloyer firmó una actuación ligeramente positiva, en el buen sentido: poca floritura, muchas bolas “limpias” y una presencia tranquilizadora cuando el punto se alargaba. Sus cifras del directo (13 golpes ganadores por 11 errores no forzados) cuentan un partido de control: no lo hizo todo, pero a menudo hizo lo correcto.
Enfrente, Nathan Lambrechts no logró engancharse de verdad a la remontada en esta final. El diferencial es contundente en las estadísticas: 7 golpes ganadores por 25 errores no forzados. Cuando el partido se tensó, se le vio más en reacción que en iniciativa, atrapado entre dos opciones: jugar seguro y sufrir, o forzar y regalar puntos.
En una final, ese tipo de desequilibrio acaba pesando: Maigret y Deloyer tuvieron la lucidez de insistir en las zonas “rentables”, hacer jugar una bola más y castigar en cuanto la pelota se quedaba un poco alta.
Maigret, irregular… pero con el acelerador que marca la diferencia
El partido de Adrien Maigret se lee como un electrocardiograma: fases de dominio muy claras, algunos tramos más desordenados (sobre todo al final), y en medio de todo… una capacidad para encender el partido. El directo le atribuye 25 golpes ganadores, pero también 26 errores no forzados: sí, regaló. Pero sobre todo, tomó.
Ese “perfil” encaja con el guion del set 2: cuando sube la tensión, están los que buscan no perder… y los que aceptan fallar para ganar. Maigret eligió a menudo la segunda vía. Y en pádel, en una final apretada, la iniciativa a veces vale más que la limpieza.
Sichez, el partido que hacía falta (o casi)
Lo más frustrante, del lado perdedor, es que Romain Sichez hizo un partidazo. Las cifras del directo lo confirman: 18 golpes ganadores por solo 8 errores no forzados. A simple vista, marcó el tempo, varió, reinició cuando tocaba y, sobre todo, sostuvo la diagonal con mucha claridad.
Pero una final se gana de dos. Cuando uno de los dos jugadores está bajo presión constante y no consigue invertir la dinámica, el margen se reduce: es más difícil cerrar los puntos por el “lado fuerte”, y la pareja rival puede construir desde la repetición.
Lo que dicen las estadísticas del directo: la agresividad paga, pese a los fallos
Las estadísticas globales mostradas durante la final resumen bien la ecuación: Maigret/Deloyer terminan con 38 golpes ganadores frente a 25 de Sichez/Lambrechts. Los errores no forzados están bastante parejos (32 frente a 29). Es decir: la diferencia se creó más por la capacidad de producir puntos que por la simple “limpieza”.
Otra lectura interesante: Sichez/Lambrechts dispusieron de más bolas de break (8 frente a 6), pero convirtieron menos (3 frente a 4). Una pequeña diferencia, pero típica de partidos ajustados: la pareja que “hace clic” en dos o tres puntos importantes suele llevarse el partido, incluso si el rival tuvo más oportunidades.
Por último, un detalle revelador del nivel general: el partido tuvo solo 2 dobles faltas en total, señal de mucho compromiso… y de un servicio bastante bien gestionado.
Camino hasta la final: un P1000 muy denso, con referencias que se mueven rápido
Este P1000 “by Alpine” reunió un cuadro exigente, con muchas parejas peligrosas desde las primeras rondas. En ese contexto, la final entre Maigret/Deloyer y Sichez/Lambrechts premió a dos equipos capaces de sostener el ritmo a lo largo del torneo: uno por experiencia e impacto; el otro, por cohesión y volumen de juego.
Además, la densidad del cuadro también abrió escenarios más imprevisibles de lo previsto: cuando los favoritos caen por el camino, la presión cambia de bando, y las parejas que mejor gestionan los “momentos calientes” suelen llegar más lejos que las que solo dominan “sobre el papel”.
Lo que dice sobre el pádel belga: presencia, pero dos realidades
Para Bélgica, esta final tiene un sabor particular: dos representantes al máximo nivel de un torneo importante en Francia no es menor. Y Deloyer confirma su dinámica de progresión, ya visible en los últimos meses en el circuito belga (para releer aquí: repaso en imágenes del Belgian Padel Tour).
Pero también recuerda una verdad sencilla: al más alto nivel, la diferencia suele estar en la capacidad de atravesar una final sin un “bajón”. Deloyer lo hizo. Lambrechts, esta vez, no encontró la solución.
Para recordar
- Maigret/Deloyer ganan en dos sets, con un set 2 decidido en el tie-break.
- Deloyer aportó estabilidad y continuidad; Lambrechts sufrió una presión constante.
- Sichez jugó un gran partido, pero la pareja no aprovechó sus mejores momentos.
- Las estadísticas del directo muestran una clara diferencia en golpes ganadores, clave del resultado.
