- Un episodio que suena a confesión deportiva
- El clic: una invitación, un malentendido… y el engranaje
- Una higiene de vida ya muy marcada… y el pádel como nuevo eje
- “Mode compet’”: el momento en que el ocio cambia de estatus
- El golpe que le hace vibrar: la bajada de pared, versión de revés
- Referencias asumidas y guiños de competidor
- Referentes de jugador: clubes, espacio, altura… y hábitos que se instalan
- Conclusión
- Para recordar
Un episodio que suena a confesión deportiva
El concepto de “Sur la Piste avec…” es simple: primero un rato de charla y, después, un reto en la pista. Con Tayc, la entrevista toma enseguida un giro muy concreto. Sonríe, avisa de que “va a intentarlo”, y termina soltando algo que parece una confesión: el pádel se ha convertido en la única actividad capaz de destronar al estudio. No es una frase bonita para quedar bien, sino un marcador de lo cotidiano: jugar antes, después, “da igual”, mientras la pala esté ahí.
El clic: una invitación, un malentendido… y el engranaje
Su llegada al pádel tiene pinta de historia de vestuario. Tayc cuenta que empezó “hace más o menos un año y medio”, tras una invitación de su entorno profesional. Y como suele pasar con los deportes “de moda”, el primer paso nace de un equívoco: le proponen “hacer paddle”, él se imagina el agua… hasta que se da cuenta de que se trata de pádel. La réplica “¡Estamos en París, no hay agua!” funciona, porque también dice otra cosa: este deporte se ha impuesto tan rápido que puede entrar en tu vida por sorpresa.
Una vez en la pista, Tayc describe una sensación que muchos jugadores nuevos reconocen: la accesibilidad inmediata. Desde la primera sesión uno se siente “más o menos competente”, no tiene la impresión de estar perdido. Lo compara con el tenis, donde la diferencia de nivel puede desanimar. Aquí el placer llega antes… y ahí es donde se instala la mecánica de la adicción.
Una higiene de vida ya muy marcada… y el pádel como nuevo eje
Lo interesante de su testimonio es que no viene de alguien sedentario “convertido”. Tayc se presenta primero como un artista con múltiples facetas, pero el deporte ya formaba parte del paisaje: trabajo de fuerza, crossfit, carrera a principios de semana. Y en medio de esa rutina estructurada, desliza casi de manera natural: “y hoy en día también mucho pádel, incluso hoy mismo”.
Entre líneas se entiende por qué el pádel encaja tan bien: combina gasto energético, coordinación y lectura del juego, sin perder una dimensión social muy fuerte. Vienes a mejorar, te quedas para volver a jugar, y acabas organizando la semana en función de los huecos disponibles.
“Mode compet’”: el momento en que el ocio cambia de estatus
En un momento, Tayc pone nombre al cambio: pasó a “mode compet’”. Y ahí su discurso se parece mucho al de un jugador de club: primeros torneos, búsqueda del nivel adecuado, ganas de probarse sin quemarse.
Habla, en particular, de sus inicios en torneos P25, antes de ver qué tal era el escalón superior. Su conclusión es directa: en P100, el salto se nota. Ese contraste es importante porque aporta matices a la imagen de un pádel “fácil”. Sí, se disfruta rápido. Pero en cuanto el ritmo se acelera, los jugadores cierran la puerta en la red y la defensa se convierte en una ciencia, cambian los referentes.
¿Pádel “fácil”? Tayc lanza una idea que le habla a todo el mundo
Ante las críticas — “es fácil” — Tayc responde con una fórmula que resume bien la época: cuando se genera un entusiasmo así, es que hay algo que entender. Habla de la “ciencia” del pádel, es decir: decisiones, zonas, tiempos, automatismos. En definitiva, un juego que premia la inteligencia tanto como lo físico.
Sin entrar en jerga, su mensaje es claro: si se vuelve, no es solo porque sea divertido. Es porque se nota que hay margen. Y porque apetece ir a buscarlo.
El golpe que le hace vibrar: la bajada de pared, versión de revés
Cuando le preguntan por su golpe favorito, Tayc cita un gesto muy preciso: la bajada de pared, también por el lado del revés. Ese detalle no es menor. La bajada es el golpe que simboliza el cambio de “aguanto / recupero la iniciativa”: lectura del bote, timing, compromiso. Y cuando sale, la sensación es inmediata. Una elección de jugador que ya no se conforma con pasar la bola, sino que busca construir.
Referencias asumidas y guiños de competidor
Cuando la conversación gira hacia las referencias y las ganas, Tayc deja ver otra faceta de su relación con el pádel: la del jugador que observa, admira y se proyecta. Menciona, por ejemplo, a Tolito Aguirre, figura espectacular del circuito, por una razón simple: “Me divierte. Se nota que lo disfruta.” Más que un modelo de rendimiento, lo que le atrae es la actitud: esa manera de jugar por placer tanto como por el punto.
En otro registro, Tayc también desliza un desafío a medias, deseando una revancha deportiva contra Steve Mandanda. Una frase dicha con una sonrisa, pero que dice mucho de la cultura actual del pádel, donde las pistas se convierten en lugares de enfrentamiento amistoso entre personalidades, lejos del simple ocio ocasional.
Estas referencias, soltadas sin cálculo, cuentan un pádel vivido como un espacio de juego, observación y proyección. No un escaparate, sino una pista donde se cruzan admiración, espíritu competitivo y gusto por el reto.
Referentes de jugador: clubes, espacio, altura… y hábitos que se instalan
Otro elemento revelador: Tayc no habla del pádel como de un deporte abstracto. Cita lugares, describe lo que le gusta de una instalación el espacio, la altura, la sensación de jugar “a lo grande”. También habla de sus hábitos de entrenamiento. A estas alturas, ya no estamos en el “lo probé”, sino en una práctica que se estructura, con preferencias y rutinas.
Para situar el entorno del programa y el ecosistema que sostiene este tipo de contenido, se puede encontrar la presentación de la marca aquí: 4PADEL.
Conclusión
Lo que cuenta Tayc, en el fondo, no es solo una pasión más de celebridad. Es el relato muy contemporáneo de un deporte que se cuela en agendas cargadas porque lo tiene todo: accesible, social, adictivo, pero también lo bastante técnico como para abrir el apetito de progresar. Y cuando un artista llega a decir que el pádel ha destronado al estudio, no es una punchline: es una señal. El pádel ya no se limita a estar “de moda”, se convierte en un hábito.
Para recordar
- El pádel se ha impuesto en el día a día de Tayc, hasta ponerse por delante del estudio.
- Su clic nace de una accesibilidad inmediata que invita a jugar y volver a jugar.
- Asume una subida de intensidad con el paso a “mode compet’” y la realidad de las diferencias de nivel.
- Su golpe referencia del momento: la bajada de pared, símbolo de un juego más construido.

