Los Campeonatos del Mundo de pádel 2026 se disputarán del 2 al 7 de noviembre en Doha, y Catar también conservará la competición en 2028. Al conceder dos ediciones consecutivas al mismo país, la Federación Internacional de Pádel no se limita a elegir una sede: fija durante cuatro años el centro de gravedad de su principal torneo por selecciones.
Dos Mundiales, un mismo centro de gravedad
Las ediciones de 2026 y 2028 se celebrarán en el Khalifa International Tennis & Squash Complex. La FIP confirmó que cada cita reunirá a 16 selecciones masculinas y 16 selecciones femeninas.
Doha ya domina el manual operativo. El complejo acoge el Qatar Major Premier Padel desde 2022 y fue escenario del último Mundial por equipos. Catar ya había organizado la competición en dos ocasiones; 2026 será, por tanto, su tercera edición, antes de una cuarta en 2028.
La elección reduce la incertidumbre logística: instalaciones probadas, condiciones para las delegaciones, seguridad y capacidad organizativa figuran entre los criterios citados en el comunicado oficial de la FIP. Pero, sobre todo, refleja un cambio más profundo: Catar ya no es una escala del pádel internacional, sino uno de sus anclajes institucionales.
Una Copa del Mundo que cambia de escala
El premio económico mide esa ambición. Alcanzará 1,2 millones de euros en 2026 y 1,35 millones en 2028, repartidos por igual entre las competiciones masculina y femenina. Según la FIP, es la mayor dotación concedida en una competición oficial de pádel.
La cifra va más allá del titular. Acerca el torneo de selecciones a los estándares económicos del circuito profesional y aumenta su peso en una temporada ya exigente para los mejores jugadores. Para las federaciones, formar un equipo no consistirá solo en reunir nombres: habrá que gestionar calendarios, frescura física y complementariedad.
Catar, de socio a territorio
La doble adjudicación instala una forma de residencia. La cuestión ya no es únicamente dónde se jugará el próximo Mundial, sino qué implica confiar dos ciclos completos al mismo país.
Para la FIP, los beneficios son claros: visibilidad, control operativo y garantías financieras. Para el pádel mundial, el equilibrio deberá evaluarse con el tiempo. La estabilidad puede profesionalizar el evento, pero también reduce la rotación geográfica de una competición llamada a representar la diversidad de las naciones.
Este enfoque amplía nuestro primer análisis sobre la Copa del Mundo FIP en Doha sin repetirlo: aquí, la cuestión central es la capacidad de atracción de Catar y su conversión en territorio fijo de una cita mundial.
En 2026, Doha albergará mucho más que cuadros masculino y femenino. La ciudad pondrá a prueba un modelo: una Copa del Mundo más rica, previsible y arraigada en un país ya imprescindible para la economía del pádel.
