Una idea del pádel que va más allá de la mera decoración
Vincent Laureyssens podría ser fácilmente complaciente. El lugar es espectacular, la promesa visual se ha cumplido y el evento ha encontrado su lugar en el ecosistema P2 de Bruselas. Pero lo que se desprende sobre todo de esta entrevista es algo más: una obsesión por la coherencia. Laureyssens no sólo habla de una sede central más bonita, de una escenografía Art Nouveau o de un torneo que quiere dejar huella. Habla de un método. Un vínculo casi industrial entre visión, detalle, hospitalidad, ritmo y ejecución.
No es insignificante. En gran parte de lo que se habla sobre el pádel, sigue siendo fácil confundir crecimiento con profundidad. Aquí, por el contrario, se hace hincapié en lo que no salta a la vista: los equipos, el montaje, las normas impuestas a todos, la atención prestada tanto a los jugadores como al público. Pronto queda claro que su modelo no se limita a conseguir que la gente venga a la Gare Maritime. Pretende que todo el mundo se vaya con la impresión de haber vivido algo único, aunque aún no sepa distinguir una vibora de una bandeja.
Esto es sin duda lo que hace interesante el intercambio más allá de la simple promoción. Laureyssens ve el torneo como una experiencia global, casi como una puerta de entrada al pádel. El deporte se mantiene en su esencia, por supuesto, con los mejores jugadores y jugadoras del circuito, pero se niega a confinarlo a un círculo exclusivo. Con las pistas 2 y 3 gratuitas y el deseo de atraer a familias, curiosos y visitantes de Bruselas, el acontecimiento trata menos de complacer a los iniciados que de ampliar su base.
El verdadero problema es Bélgica
Aquí es donde la entrevista despega de verdad. Nada más salir de la puesta en escena del torneo, Laureyssens habla del pádel belga con una mezcla de orgullo e impaciencia. Ve un mercado fuerte, aún lejos de haber alcanzado su límite, pero también nombra muy claramente el principal obstáculo: la falta de infraestructuras cubiertas y semicubiertas, y el retraso en la formación y la juventud. En otras palabras, el entusiasmo está ahí; la estructura, sin embargo, aún no le ha seguido a la misma velocidad.
Su observación sobre los jóvenes suena verdadera porque no se recita como una fórmula. Cuando explica que el torneo sirve también para ofrecer wild cards a los belgas y para provocar vocaciones, pone por fin el acontecimiento en su justa perspectiva: no es un escaparate suficiente en sí mismo, sino una palanca. El matiz es importante. Un gran acontecimiento puede inspirar a la gente, presentarles la chiquita, la lectura de la copa y la velocidad de ejecución al más alto nivel. No sustituye a las academias, las pistas ni el trabajo duro.
Al final, quizá sea eso lo que confiere a esta entrevista su verdadera profundidad. Laureyssens vende un espectáculo, sí, y no lo oculta. Pero sobre todo habla como alguien que sabe que el pádel belga no se desarrollará a largo plazo sólo con el éxito de una semana en Bruselas. Necesitará clubes, plazas cubiertas, un sector joven y continuidad. Por ello, el torneo de la Gare Maritime se convierte en algo más que un evento de primera categoría: es una demostración de lo que Bélgica ya puede mostrar y de lo que aún le queda por construir.